lunes, 4 de mayo de 2015

¿Qué les gustaría cambiar?

*Por Alina Barazzutti


Era el último día de la señorita Bernarda. De todos sus años como maestra de primaria nunca se había encariñado tanto con sus alumnos como en este año. Eran tan chiquitos que recién terminaban el primer grado, y ella tan grande que ya se estaba jubilando. 
       Decidió que disfrutaría de su último día y se sentó en su banco y les preguntó: 

¿Qué les gustaría cambiar?

       Algunos alumnos tenían respuestas tan divertidas como tener una cola de sirena o la boca de un tiburón. Otros tenían respuestas tan tristes como haber conocido a sus abuelos o que sus padres estén juntos. Pero la hora que la señorita Bernarda más temía había llegado. Sonó el
timbre y los nenes guardaron emocionados sus útiles y salieron a disfrutar del verano. 
       Algunos fueron de vacaciones a la playa, otros a la montaña y hubo quienes también se quedaron en casa. Pero la sorpresa fue colectiva cuando, al volver a clase, se dieron cuenta que su maestra preferida ya no estaba. Todos ellos guardarán el recuerdo de ese año juntos, de todo lo que aprendieron. Año tras año, deseaban que su nueva señorita sea tan buena como la primera. Pero, para su mala suerte, ninguna superaba el recuerdo de su querida señorita Bernarda. Especialmente cuando dejaron de tener una maestra para tener varios profesores. 
       Ya daban por hecho que no volverían a sentir la alegría de su primer experiencia en el colegio. Es más, muchos de ellos odiaban a casi todos los profesores, solamente porque no sabían enseñar. 
       Entre trabajos prácticos y exámenes pasaron los años para esos alumnos. Algunos se cambiaron de colegio tratando de encontrar a un solo profesor tan simpático y sencillo como Bernarda, también entraron nuevos alumnos,  que no tenían idea de quién era. 
       Pero un día soleado, Bernarda decide visitarlos. Un poco más vieja de lo que la recordaban, entro a su aula y sorprendió a sus viejos alumnos. Reconocía a cada uno de ellos sin poder creer cuanto habían crecido en estos años. Ahora no eran sus hermosas alumnas, eran mujeres; no eran sus revoltosos alumnos, eran hombres.
      Pero, después de superar el nudo en la garganta, les volvió a preguntar:

¿Qué les gustaría cambiar?

       Para su sorpresa, esta vez no fueron 
colas de sirena ni bocas de tiburón, tampoco fue conocer a sus abuelos ni mucho menos que sus padres estén juntos. Fue mucho más que eso. 

"Daría todo lo que tengo por poder caminar a
las 3 de la mañana por la calle y que no me roben,
no me violen ni me maten, contestó una de
sus viejas alumnas..."

"Daría todo lo que tengo y más 
por poder salir un viernes a la noche
y saber que voy a volver sana de un boliche..."

"Daría una vida de trabajo porque en las escuelas
se enseñen valores y no el claro ejemplo
de lo que es la decadencia..."

"Cambiaría enseñar a las mujeres a cuidarse
de la violencia de género por enseñarles
a los hombres a no pegar..." 

       Respuesta tras respuesta Bernarda se sorprendía más, porque ésta última la había pronunciado Martín, el mismo que 11 años atrás había contestado esa pregunta diciendo que cambiaría que su madre ya no llore todas las noches. 
       Pero también le llamaba la atención que todos dejarían algo atrás por ese cambio que tanto querían, porque se habían dado cuenta con el correr de los años que nada es gratis, que todo tiene un precio, hasta si es un regalo.
       Cada cosa que pedían cambiar era como un espejismo, pero que no está en la ruta. Está en el televisor, en la radio, en una propaganda política. Podemos verlo desde lejos, podemos sentirlo cerca, a veces parece como si lo hubiéramos alcanzado, pero en realidad solo desapareció por una nube que nos tapa momentáneamente el reflejo del sol. Luego de unos kilómetros, el espejismo volverá como un oasis al final de la ruta. Y seguiremos con la misma esperanza, la de vivir sin miedo en un mundo del cual su historia está gravemente marcada por genocidios y totalitarismos, por guerras y egocentrismo, por hambre y corrupción.


*
Alina no padece dificultades visuales, tiene 18 años, se inscribió en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social y continúa asistiendo al TEC. El texto, que escribió en 2015, está basado en la consigna "¿qué les representa la palabra utopía?", como pequeño homenaje desde nuestro Taller a Eduardo Galeano, a pocos días de su pérdida física.