Por Ana Juárez*
Me llegó
a mis fosas nasales el olor a libro
viejo. A mi mente la abordó el recuerdo de cuando todos los años agarrábamos
varias hojas de dibujo, la bañábamos en limón para luego, con una vela o un
encendedor, lo quemábamos de a poco y lo pintábamos con témperas.
Cuando
encontré el viejo libro de tapa dura le hice señas a la bibliotecaria. Pero
nada. Me senté en la punta de la mesa a leer. Abrí el viejo libro con sus gruesas
hojas amarillentas por el paso del tiempo. Comencé a leer el capítulo que dejé
la otra vez. Al darle vuelta la página me corté el dedo. Con mi remera limpié
el hilo de sangre que salía. Al levantar mi vista reparé del cuadro que estaba
al final de la pared; era de una bailadora española, callejera.
–¡Si no vai
lavado, vai fresco! –se
quejaba la abuela con sus ruleros de colores puestos y su cara con manchas de
harina luego de haber amasado los fideos. En el ambiente se oía el postillón de
La Rioja que provenía de la vieja radio de la nona.
–Y ahora ¿Qué
pasó? –gruñó
el abuelo que venía del quiosco trayendo una caja de vinos, cervezas, sodas y
gaseosas para nosotros. Lo depositó suavemente sobre la mesa.
–El Nene me
dijo si me gustaría cocinar un pollo al horno con papas, ahora al mediodía.
–Ese malcriado.
Ahora llama. ¿Por qué no lo dijo antes? –largó furioso.
–Oh. Mi canción
favorita. “Te quiero”. Subiendo el volumen de la radio para luego aplaudir al
son de la música.
–El grupo de teatro
“El Circo” tenemos el honor de presentar a la gran Antonia Istúriz y José Sáenz
–dijo
mi primo Francisco con su voz gruesa de locutor de radio. Se paró del lado de
la abuela y con la mano derecha hizo un gesto de reverencia como si fuera de la
realeza, corriéndose para un lado. Con mis primos aplaudimos ruidosamente,
Marcos y Lorenzo comenzaron a chiflar, parecía que estábamos en un estadio
lleno, en vez de una casa. Al empezar a sonar, se animaron a cantar la abuela
Antonia con su voz de soprano y mi primo con su voz de barítono, a la vez que
bailaban el paso doble.
–Va… vayan a vender tomates a la feria –dijo levantando la mano derecha y
girándola hacia adelante. Mientras guardaba las bebidas en el aparador, gruñó
entre dientes: “malcriados”.
Al terminar la canción, la abuela Antonia y José llevaban la mano en la
boca para lanzar besos al público. Pero cuando comenzó a sonar la melodía “El
gato montés”, cómo se alborotó la casa. Una sonrisa salió de mí. Recordé a España. Las dulces imágenes de cuando la familia se reunía.
*Miembro del TEC. Una de las integrantes que no
tiene dificultades visuales.