Por Cristina Calvo*
Muy complicado fue, este año, el 19 de octubre, un cálido domingo, NUESTRO DÍA. Lo celebré con mis tres hijos maravillosos.
Dios acudió en mi ayuda.Sentí profundamente la ausencia de mi adorada madre, a quien extraño desde hace veinticinco años.
Felicité a mi hija madre y rogué para que mi otra hija, la menor, lo sea y pueda experimentar el gran gozo de tener un bebé entre sus brazos.
¡Upa mi amor! ¡Qué hermosa eres! Con esa naricita y tus orejitas diminutas. Te hamaco y acaricio suavemente tus cabellos breves que me recuerdan a un cepillo “limpiadiscos” (así te decíamos con papá). Me encanta acariciar la fina piel de tus manitas y sentir el calor de tu cuerpito cuando te duermes con mis canciones.
Bañarte y vestirte es maravilloso: es como tener una muñequita entre mis manos.
Tu vocecita es tan dulce como una campanita que colma mi corazón. Eres una gordita muy simpática. Te amo y agradezco por tu existencia a Dios.
*Cristina Calvo es ciega de nacimiento y fue integrante del TEC en 2014 y parte del 2015. Este texto, escrito en 2014 en base a la consigna de pensar la maternidad desde la ceguera, anticipó su anhelo de ser abuela, deseo cumplido en el año 2015.
El dibujo pertenece a la artista Katie Berggren.